Feliz tiempo del Adviento

 

FELIZ TIEMPO DEL ADVIENTO

Hoy comienza el Adviento, tiempo para acoger al Señor, que viene a nuestro encuentro....

A lo largo de los siglos, las celebraciones de Navidad han sido las principales fiestas del calendario cristiano, junto con la Semana Santa y la Pascua de resurrección.

Como todas las cosas importantes, la Navidad y la Pascua no se pueden improvisar, sino que hay que prepararlas con tiempo.

El tiempo de preparación para ambas fiestas ha cambiado a lo largo de los siglos. Al principio, eran unos pocos días en ambos casos, pero se fueron prolongando y, en algunos momentos, la preparación para la Pascua duraba 70 días y la preparación para la Navidad duraba 40.

Hoy, las seis semanas previas a la Pascua reciben el nombre de “Cuaresma” y las cuatro semanas previas a la Navidad reciben el nombre de “Adviento”. En ambos casos el color litúrgico es el azul oscuro, morado o violeta, aunque cada una tiene sus características propias.

La palabra latina “Adventus” traduce la palabra griega “Parousía”. En ambos casos se refería a la visita del emperador a una ciudad con los consiguientes festejos: banquetes, reparto de monedas entre la población, liberación de encarcelados, cancelación de deudas e impuestos…

Los primeros cristianos aplicaron estos términos a la futura venida del Señor en gloria. Para ellos, eso era mucho mejor que las visitas del emperador y que cualquier otro festejo, por eso lo deseaban de corazón y oraban diciendo: “Ven pronto, Señor, que te esperamos”.

Con el tiempo, la palabra “Parusía” se reservó para esa esperanza final y la palabra “Adviento” para el tiempo litúrgico anterior a la Navidad.

Durante el Adviento nos disponemos para acoger al Señor que viene a salvarnos. Podemos hablar de tres venidas suyas: una pasada, una futura y una presente.

Jesús VINO al mundo en la humildad de la carne, naciendo de la Virgen María hace más de 2000 años.

Jesús VENDRÁ con gloria al final de los tiempos, para llevar a plenitud su obra salvadora.

Jesús VIENE siempre a nuestro encuentro, en cada acontecimiento, en las alegrías y en las tristezas, por lo que queremos estar en vela para acogerlo cuando llega a nuestras vidas.

La venida presente es la fundamental para nosotros. Podemos perder mucho tiempo añorando venidas pasadas y suspirando por venidas futuras, pero la clave del cristianismo está en que el Señor sigue viniendo a nuestro encuentro cada día, también en estos tiempos confusos y fascinantes que nos han tocado vivir. A cada uno de nosotros, él dice: “Estoy a tu puerta llamando, si me abres, entraré para cenar contigo”.

Solo pueden celebrar un Adviento cristiano quienes le abren de par en par las puertas, porque son conscientes de que no pueden salvarse a sí mismos y de que necesitan al Salvador en sus vidas. El Señor viene a salvarME, a darME su perdón y su bendición, a regalarME su amistad, ¿hay algo más precioso que esto?

Señor Jesús, no me quejo de mi vida ni de las cosas que me pasan, pero nada me satisface totalmente, nada me llena. No es que necesite otras cosas distintas de las que tengo, es que te necesito a ti. Solo tú puedes llenar la sed de infinito que hay en mi corazón. Por eso te suplico que abras mis ojos, para que sepa descubrir tus llegadas a mi vida, y que me unas cada día más íntimamente a ti, de manera que yo pueda ayudarte en la construcción de un mundo más justo y fraterno. Amén.

P. Eduardo Sanz de Miguel, OCD

25 de noviembre de 2022