Fiestas del Carmen 2020

 

¡Qué distintas de cuantas hemos conocido antes de ahora!; ¡cómo hemos echado en falta esos tradicionales actos de devoción que estamos acostumbrados a vivir cada año y que en 2020 no han podido ser celebrados!... Pero, con suspensiones, con restricciones, con medidas sanitarias de precaución y con todo lo que se quiera, los santanderinos hemos vuelto a dejar bien patente una vez más en el Barrio Pesquero, en Nueva Montaña, en Revilla de Camargo o en el templo de la calle del Sol nuestro amor, profundo e inquebrantable, a la Virgen del Monte Carmelo.

Coincidió la pandemia del coronavirus con la pérdida severa de facultades cognitivas que fue aquejando más cada día al que durante 33 años ha sido director de la Cofradía del Carmen, nuestro querido y siempre recordado P. Francisco Javier González Ruiz. A finales de mayo era preciso decidir qué se haría en el ya cercano mes de julio con actos que siempre convocan una masa de fieles tan llamativa como son el Rosario de Aurora o la procesión del día 16. No se podía contar con las decisiones que en otras circunstancias hubiera adoptado el director, y por ello los secretarios de la asociación, de acuerdo con las disposiciones dictadas por el Gobierno de la nación y con el parecer de los pescadores del Barrio Pesquero, acordaron la suspensión de los actos que con motivo de las fiestas del Carmen se celebran por las calles.

También optaron por no hacer este año programas de mano para repartir por los domicilios de los cofrades, pues era importante preservar la seguridad de celadores y celadoras que deben ir casa por casa distribuyendo tales anuncios, con el consiguiente peligro de contagio que hubieran podido correr. A pesar del quebranto económico que tal medida iba a causar a la Cofradía, al no poderse recoger las cuotas de los socios, todo era preferible a poner en riesgo la salud de las personas. Y se decidió igualmente no instalar a las puertas de la iglesia, durante la novena, las tradicionales mesas de venta de objetos devocionales a fin de que no se diera la aglomeración de curiosos y compradores que en determinados momentos resulta inevitable.     

La comunidad de Padres Carmelitas, a pesar de verse sumamente mermada con la enfermedad del P. Francisco Javier y los recientes fallecimientos de los PP. José Miguel y José Javier, organizó lo mejor que pudo la novena, encargándose de confeccionar los carteles anunciadores Evaristo Arroyo Fuentes y procediendo al reparto de los mismos por iglesias y comercios las hermanas de la Orden Seglar. En vista de que solo podía contarse con seguridad para el novenario con los tres religiosos que permanecían razonablemente sanos en la casa, PP. Dionisio, Pedro y Víctor, hubo que reducir el número de las celebraciones eucarísticas que suelen hacerse del 7 al 15 de julio en la iglesia, limitándolo a tres matutinas, a las 8, las 10 y las 11, y a los cultos vespertinos con rosario y ejercicio de la novena a las 18, 30 y misa predicada a las 19. Felizmente, el cuarto día pudieron al fin viajar a Santander, procedentes de Roma, el nuevo párroco de la casa, P. Alejandro, y un compañero también joven que venía a ayudar en Santander por dos meses, P. Víctor. El primero de los dos se ocupó inmediatamente de la misa y sermón de por la tarde. 

Desde el domingo 6 el presbiterio del templo se vio engalanado, como todos los años, con dos de los estandartes y cuatro de las banderas que poseen las congregaciones piadosas radicadas en el convento, singularmente la Cofradía de la Virgen del Carmen y la Orden Seglar. El domingo 12 se celebró el Día Misional Carmelitano, jornada en la que a las misas acostumbradas se sumó otra oficiada a las 12 del mediodía.

En vísperas de la fiesta fueron adornados con banderines multicolores los espacios correspondientes a la plazoleta de acceso al convento; sin embargo, no se pusieron esta vez las tiras que suelen colocarse en la calle del Sol ni en la zona baja de Francisco Palazuelos para evitarle confusiones al público en relación con la no celebración de la procesión. En muchos hogares de la ciudad, singularmente de la calle Lope de Vega, paseos de Pereda y Castelar y en Puerto Chico, se engalanaron los balcones con la enseña nacional, y también fue profuso el exorno que lució el edificio del Club Marítimo en honor a su Patrona.

Aunque el día 15 no hubo Ofrenda de Flores propiamente dicha, sí que varias "Cármenes" y otras devotas obsequiaron con preciosos ramos a la Virgen del Escapulario, lo que se repitió durante la mañana y tarde siguientes. En la jornada de la fiesta el acceso principal a la iglesia se veía adornado con muchas banderas multicolores que pendían de las rejas y barandillas del recinto. Teniendo en cuenta que el 16 de julio suele llenarse el templo hasta los topes a todas horas, y que esta vez solo podían entrar a cada celebración litúrgica 160 personas, se tomaron con anticipación medidas previsoras que resultaron efectivas:

1ª) Fueron colocados dos grandes carteles, uno en la entrada por la calle del Sol y otro en la plazoleta de Francisco Palazuelos, indicando que se debía acceder al interior por el primero de dichos puntos y que la salida se practicaría por el segundo.

2ª) Hubo dos personas, una en cada puerta, para prohibir entrar cuando el aforo se hallaba colmado.

3ª) Se pusieron mesitas en los accesos con frascos de gel hidroalcohólico, cuyo contenido invitaban a utilizar a cuantos llegaban los propios controladores de ingreso.

4ª) Fue contratada una empresa especializada de desinfección, dos miembros de la cual estuvieron todo el día en el Carmen, y procedieron a limpiar cuidadosamente bancos, comulgatorios, puertas, etc. tras concluir cada oficio litúrgico.

Hubo misas por la mañana a las 6´30, 7´30, 10, 11, 12 y 13 horas. Por la tarde, a las 6, las 7 y las 8. Todas ellas a aforo completo, menudearon continua-mente las filas de personas que aguardaban con paciencia en las escaleras exteriores y la calle su turno para poder acceder al templo. Las celebraciones fueron predicadas, varias con cantos acompañados al órgano, y al final de todas se hizo la tradicional Consagración a Santa María del Monte Carmelo.  

Destacó la de las 7, que presidió el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Manuel Sánchez Monge, obispo de Santander, con quien concelebraron su secretario, D. Alejandro Benavente Talaverón, y el nuevo párroco del Carmen, P. Alejandro Salazar Vásquez. Fue muy sentida y "carmelitana" la homilía del prelado, a quien, antes de concluir el oficio, dio las gracias con amables palabras el religioso carmelita en representación de la comunidad y de la parroquia. 

Al evocar estas solemnidades, hacemos votos para que en 2021 podamos recuperar la normalidad, pero no la que ahora llaman "nueva" sino la de siempre, y así volvamos a honrar a la Virgen del Escapulario con la fe, el amor y la alegría tradicionales.

AUTOR: Francisco Gutiérrez Díaz